Ya no puedo más, siempre me he jactado de ser fuerte de levantarme a pesar de la dureza de la caída,
de seguir caminando sin contar los kilómetros recorridos, pero puede que sea el tiempo, la falta de motivos para continuar, o este puto verano que parece no acabar nunca, estoy cansada de ti, de todo, cansada de ser fuerte, de no mirar hacia
atrás, de echarte de menos cada minuto, de sonreír y hacer como que no pasa nada. Y
si que pasa, te necesito y no puedo remediarlo, pero no estás, sé que no
estás, y me muero de ganas de llamarte y contarte esto que me pasa, pero no lo
haré, aún conservo parte de mi integridad, esa que me obliga a no regalarme a cualquiera. Pero es en días como este cuando
la melancolía se sienta a mi lado, apoya la cabeza en mi
hombro y me recuerda que no siempre se dice lo que se piensa, que tu indiferencia es tan fingida como mi fortaleza, me anima a luchar, a prevalecer esperando la
primavera, pero ya no tengo armas, ni ganas de esperar, fuerzas tampoco me
quedan, solo tengo un par de ilusiones y un corazón
roto
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